Entrenador Trabajador vs Entrenador Trabajador

En el fútbol argentino, donde todo se etiqueta y las antípodas se engendran, aparecen fenómenos como lo que el título manifiesta. En la división del agua y el aceite, la izquierda y la derecha, la …

Origen: Entrenador Trabajador vs Entrenador Trabajador

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Entrenador Trabajador vs Entrenador Trabajador

En el fútbol argentino, donde todo se etiqueta y las antípodas se engendran, aparecen fenómenos como lo que el título manifiesta. En la división del agua y el aceite, la izquierda y la derecha, la defensa o el ataque, aparecen matices propias de ambas concepciones que generan confusiones y tergiversación de módulos de juego.

Con la llegada de Ariel Holan a Independiente, hubo de este tipo de cacareos sin fundamentos o conocimientos previos como para juzgar. Y uno de los principales motivos del mismo, fue el audio que se filtró faltando el respeto al código privado. Pero más allá de eso, el motivo por el cual afrontan las críticas o “chicaneadas” periodísticas son las variantes nuevas que aturden al coeficiente del inexperto que nunca vio algo parecido y se esconde dentro de su ego personal.

En este mundo tan chico que es el periodismo, hay perfiles marcados y etiquetas que perduran y que impiden ver más allá de una cara la metodología del que se apellida. Es decir, en el perfil Holan, usar un dron para recibir información o un GPS para controlar el estado de los jugadores es estúpido e innecesario, mientras que para un técnico de otro perfil (de esos que salen mucho en la tv) es una herramienta de innovación y un adelantamiento futbolístico.

El fútbol, como bien se marcó desde su comienzo, no se origina a través de quién ensaya mejor, sino de quién decide mejor en un determinado certamen. Probablemente un ensayo tip por tip en la semana se aleje a cumplir el rol del guion en un partido con otros condimentos, ya sea el surgimiento del amor propio, la valentía del animarse o las espadas desenfundadas para un combate diferente. El fútbol no se trata de leer o aprender de memoria como en un teatro, sino de tomar herramientas de muchas situaciones y de la propia experiencia que genera la profesión para saber decidir y acompañar la esencia con el que cada jugador nace. Nadie en su sano juicio puede prosperar a partir de un encadenamiento de ideas propias. La nutrición de conceptos es clave para el desarrollo psíquico, físico y profesional de cada rubro.

Con esto, es importante remarcar que la evolución o la innovación no es de un técnico, sino de un contexto donde todos participan para aportar un cambio. Ni Guardiola fue el que alteró el fútbol ni tampoco Messi fue el que le solucionó todos los problemas. El fútbol es entendimiento colectivo, didáctica de conceptos y puesta en escena. Sin esos tres principios, es difícil querer desarrollar algo nutritivo.

Más allá de lo mencionado, el fin del texto apunta a que el fútbol no es lineal y que todos aportan dentro de su perspectiva un granito de arena para desarrollar un juego elaborado. Desde el que mejor se repliega hasta el que mejor explota sus laterales en función de ataque. Ni un entrenador es tan tonto por querer proponer un juego complejo, ni tampoco es un iluminado aquel que junta las líneas y busca achicar su margen de error para encontrarse con un defecto contrario. Este deporte es un todo y da por supuesto para todo.

Por ende, cada uno debería replantearse que modelo defiende en base a criterio de juego y no en referencia a los nombres y apellidos. La marca registrada del fútbol argentino marca una tendencia de que si uno es una cosa no puede ser la otra. O si uno es una cosa no puede pensar bien de la otra. Se torna malévolo admirar el fútbol de Guardiola y a la vez elogiar el nivel de alta competencia que tiene el equipo de Simeone. Alteran los paradigmas para el que comunica ya que se despoja del show mediático de la discusión y favorece a la profundización. Y entonces, por consecuencia, se acaba el negocio del empresariado que solo busca medir y no dejar un mensaje. El día que el compromiso hacia el análisis sea colectivo y con una cuota de amor por descifrar y aprender, quizás hagamos del mundo algo mejor con una pizca de coherencia hacia la honestidad intelectual. Mientras tanto, cada uno a naufragar en sus propias aguas.

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Ariel Holan, el nuevo apuntado como presa de los medios de comunicación.

ARGENTINA JUEGA MAL: PARTE INFINITA

Escrito por Matías Quaranta

Otra vez escribiendo sobre los mismos hechos concurrentes. Como hace cercanos meses. Otra vez hablando de mal funcionamientos y de falencias individuales. Otra vez viendo la foto de Lionel agrupado por más de 4 jugadores y ningún compañero de celeste y blanco alrededor para darle soporte. Otra vez una derrota conceptual y táctica. ¿Es triste perder con Brasil? Sí. ¿Más aun perdiendo por 3 goles? Obviamente. Pero lo que es más triste, es que la selección argentina está perdiendo contra sigo misma.

De movida, Bauza tenía ideado durante una gran parte del momento previo (inclusive anterior a dar la lista) sobre posibilidades de variantes dentro de los mismos nombres. Si bien es tedioso hablar de números como si los mismos fueran coincidentes con la matriz de un equipo, hay veces que, conociendo los técnicos, los números delatan realidades. Porque no es lo mismo salir del 4-3-3 al 4-4-2 o al 4-2-3-1 con algunos técnicos. Quizás Guardiola, Bielsa o Basile te puedan cambiar un esquema. Pep lo hizo 25 veces en esta temporada. Pero sabiendo ya a que quiere jugar y usando el esquema como un recurso de alternativas para contrarrestar algunas facetas de juego del equipo rival o potenciando las propias.

Con el correr de los partidos, la selección fue mutando en los aspectos de “pizarra” y por supuesto de elaboración. Anteriormente, era usual jugar con 3 volantes que intentaban (in-ten-ta-ban) purificar el juego. Llámese el tridente Biglia-Mascherano-Banega. Donde si bien dos se caracterizan por cortar y anular el juego rival, sobraba 1 que a la vez faltaba de diferentes características para ecualizar las ondas del equipo a partir del toque. Actualmente, el Patón hizo una ruptura de ese tridente para quedarse con dos que simplemente cortan (Biglia y Masche) para jugar rápido y tratar de saltea la fase INDISPENSABLE para poder lograr peligro: La gestación. Esa tan discutida palabra que se asocia con el “lirismo” y que ya se habla de tenerla un poquito y genera (lamentablemente por los que tienen un coeficiente limitado para analizar) pudor por sentirse “ilusos”.

Con ese discurso y esa insulsa y cancerígena discusión de “ganar o jugar bien” nos hemos hecho mucho daño los argentinos. No por el hecho de que hace 23 años que no vemos a nadie levantar un trofeo, sino porque hace casi esa cantidad de tiempo que la selección viene re direccionando para todos lados sin tener una teoría asentada. Si Basile con su ideal clásico con Riquelme no ganan pasemos a jugar con Diego, si el no funciona probemos con el Checho que quería jugar como el Barcelona. Pero pará, si ya los 3 no funcionaron traigamos a Sabella, que no sabemos bien como son sus equipos pero lo que sabemos es que hace poco ganó con Estudiantes, es la solución del momento. ¿Salimos segundos? Y bueno, habrá que traer al Tata, que si bien no ganó en el Barcelona hay esperanzas por su colosal Newells. Pero ya está, dos finales por penales ¡Es un escándalo! No le paguemos y esperemos por el exitoso Patón, campeón con Liga y San Lorenzo por copa, es nuestro ancho de espada. Ríanse del párrafo si quieren, pero aunque no lo crean, los dirigentes del fútbol argentino piensan así.

Pero siguiendo con el juego, eso que tanto se desprecia, varias críticas afloran y la redundante siempre es la misma ¿Qué pretendemos hacer y buscar con Messi? Porque es asombroso ya el nivel de des concepto que hay rondando por la cabeza de varios queriendo hacer cosas raras cuando nuestra camiseta sagrada “la 10 argentina”  es usada por Lionel Messi.

Ya siguiendo con esta tónica, en lo que fue hace un tiempo el “desaprovechar” tener al mejor del mundo merodeando por delante de mitad de cancha esperando por pelotas y jugadores cercanos para asociar, ahora directamente se transforma en peligro. Porque ya no es normal que Messi se asocie tanto con la responsabilidad defensiva y con la búsqueda desmedida de la pelota. Ya el Peque del Barcelona no miraba el paisaje desde atrás fantaseando o ideando en su sin fin de recursos que por su cabeza deben pasan como romper esquemas, sino que tuvo que bajar para privarse de la fantasía y rendir cuentas que sus compañeros no saldaban. Y ojo, no lo dice un pibe que simplemente escribe para si en un portal de Internet, sino el propio capitán: “Lo peor es que no sabemos a qué jugamos, nos perdemos dentro de la cancha y a la mínima nos descontrolamos”. Que uno no entienda a que quiere jugar el equipo vaya y pase, pero que el posible mejor jugador que tuvo la historia no descifre y no comprenda estando ahí a que se quiere jugar, realmente da miedo.

Y me salteo de mi lado periodístico y le falto el respeto a la construcción del análisis hablando en primera persona porque amo demasiado este juego y veo como día a día lo mandan al horno a grandes temperaturas. Veo como este país caracterizado por ser el granero del mundo de los jugadores día a día vive en contradicciones cada vez más holgadas y que poco a poco desde lo inconsciente y la inexperiencia se auto destruye. Pero aunque en este país triunfe la prosa de Cambalache, sigo esperanzado en un líder como aquel que bajo una dictadura combatió los poderes y supo reconstruir un fútbol argentino al cual hoy vuelve a ser desconocido. Soñar no cuesta nada, y si sabemos elegir para construir, menos va a costar.

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Abrumados por el acontecimiento, el contexto los sobrepasa.

 

 

LAS CLAVES DEL SAN LORENZO DE LA GENTE

El equipo de Aguirre juega bien y eso se cae de maduro. Más allá del disfrute personal que le genera al hincha externo y la satisfacción que le da al hincha propio por la contundencia y la misma belleza, hay un por qué en cada faceta del juego. En cada detalle, sentido, coordinación ofensiva y desarrollo de las jugadas, hay un trabajo previo que se puede observar a simple vista.

Sería difícil definir al Ciclón en un módulo, ya que en diferentes partidos mostró diferentes facetas en algunos casos a partir de las características de los jugadores. Pero el sentido de la idea y algunas cuestiones estratégicas (como la defensa sin pelota y la estructura de salida de juego) son similares.

Más allá de la elaboración que plasma San Lorenzo en la previa para desplegar este tipo de funcionamiento, tiene también que ver con la confianza individual de cada jugador. Que esa misma garantía de seguridad, la ejecuta en lo colectivo y la potencia mutuamente para desarmar cualquier estrategia rival. Porque cualquier idea puede ser seductora y fascinante desde  la “parla” como en su momento lo era la propuesta de Guede. Que, si bien dejó cosas buenas e interesantes, no terminó de concretar ni desarrollar su matiz de un fútbol profundo y descontracturado. Pero pese a eso, dejó y confió en jugadores que hoy son claves e indispensables para que el “estilo Boedo” funcione (Belluschi, Blanco, Cauteruccio, MUSSIS, Angeleri, etc).

El Ciclón tiene una particularidad y es que no se adapta quizás a los equipos vistosos de hoy que se descontentan cuando la pelota no está en su poder. Es decir que, a partir de esto, utiliza el pressing en la zona 1 (defensa rival) para tender a dividir y allí lograr disputar la tenencia en el mediocampo. San Lorenzo, a diferencia de otros rivales, es un team que se posiciona detrás de la línea de la pelota generando la ocupación de espacios. Donde generalmente se suelen asignar marcas para de a poco descomprimir la capacidad intelectual adversaria cerrando todos los carriles interiores y exteriores.

Luego de esa recuperación, el primer compañero al cual todos buscan es el tiempista y el “maestro” de la circulación de la pelota, que es Ortigoza. Quién cumple un rol importantísimo en el equipo para purificar todas las jugadas. Ya que él es el gestor de los circuitos ofensivos (la mayoría de las veces) y el soporte de los volantes cuando no tiene la pelota. Y no es un detalle menor, ya que Ortigoza generalmente se desplaza al compás del pase ejecutado y se ubica detrás del compañero que posee la caprichosa para darle una opción más de descanso y posibilidad.

Pero para que el volante Paraguayo tenga estas posibilidades tiene que tener detrás un puntal que le permita soltarlo y darle ciertas libertades y “privilegios”. Ese jugador que equilibra el panorama de juego es Mussis, volante de contención que equipara la zona baja y zona alta. El ex Gimnasia no solo es el volante que quizás más quite y presencia tenga, sino que también es uno de los primeros pases cuando San Lorenzo tiene que arrancar desde abajo. Desde el viejo manual de salida, se posiciona como un tercer central adelantado generando con esto el desplazamiento de los laterales y la ubicación de espacios de los centrales que lo acompañan. Al partir de la medialuna, este mismo se encuentra con miles de posibilidades generalmente para descargar. Sea con el primer toque a Ortigoza, a los carriles o a los propios Blanco y Belluschi que interiorizan para encontrarse con la pelota y buscar variantes.

Y ya que aparecieron en el texto (como en cada gol producto de su presencia) mejor hablar del talento que despliegan al servicio del equipo. Tanto Blanco con su velocidad encarando hacia adentro como Belluschi intercalando entre diferentes zonas y espacios para flotar sobre el equipo y generar vértigo a través de pases filtrados o resoluciones individuales. Son los mandamases de la coordinación de pases, los que le dan sentido a cada situación, generan conexiones y asociaciones permanentemente para obtener variables y diversas oportunidades de gol. En teoría, son los volantes dueños de la creación.

Y para concluir con la orquesta de Aguirre, están las frutillas del postre. Las amenazas del área que todo lo que tocan lo convierten en gol. Más que nada en ese aspecto aparece Blandi, aunque Cauteruccio no se queda atrás y le hace el frente a frente. Además, el uruguayo, a diferencia del ex Boca, aporta más comprensión y ofrecimiento permanente de ser un pase seguro para dictaminar diagonales o ser la contención para que el volante logre desmarcarse para tener mejores ubicaciones de gestación. Y otra variable que ofrece el equipo es la esporádica presencia de Cerutti, quién si bien es antagónico a los dos delanteros, es igual de útil en determinados partidos. Aportando por supuesto presencia en los costados para desequilibrar (sobre todo el sector derecho) y siendo un gran socio de Belluschi y del lateral que se presente.

San Lorenzo es quizás hoy el equipo más completo del fútbol argentino. Y por varias razones: Comprensión de juego, solidaridad, dinamismo, sentido de pertenencia a través del toque y muchas cualidades más. El camino es largo y el Cuervo todavía tiene que ganarle a lo largo del recorrido a ese problema general de casi todos los equipos: regularidad. Pero que, si la sostiene, tiene garantizada la batalla por todos los frentes. Mientras tanto, a disfrutar y a despegarse del resultado por un rato.

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Un equipo que promete y demuestra. Y sobre todo: Juega bien al fútbol.

 

EL LIBERTINAJE ALBICELESTE

La selección argentina sufre y en todo aspecto. Cuando las matices del juego se alteran y desvirtúan, todos son perjudicados y acumulan angustia y preocupación. Desde Bauza hasta el último hincha que no entiende la materia pero igual siente y percibe que algo no funciona.

La idea no es hablar de resultados, porque son claros y evidentes. Si vino al artículo para ver números, estadísticas y críticas propensas que se despegan del juego tuvo un error de link. Para eso están las aplicaciones con los números adecuados y las calculadoras propias para hacer futurología.

Antes de hablar de “juego” y del transcurso de lo que pasa en cada partido de 90 minutos que disputa Argentina,  hay que tomar ciertos datos para saber dónde estamos parados. Desde los orígenes del mundo, hay una ley inamovible, indescifrable pero real que es la ley de “causa y efecto”. Como bien dice la ley, cuando hay un efecto es producto de una causa. En este caso, el efecto de que la selección juegue mal viene de una causa de desculturización del juego. En si esa falta de cultura es producto de una falta de identidad y proyecto desde la salida de Marcelo Bielsa. Que con cuestionamientos o no, la selección tenía claro que buscaba y de qué manera. Argentina luego de esa salida tuvo 7 técnicos en 12 años. Pekerman 2004-2006, Basile 2006-2008, Maradona 2008-2010, Batista 2010-2011, 2011-2014, Martino 2014-2016 y Bauza 2016-actualidad. Con preparadores, ideas y referentes diferentes entre sí. Y lógicamente, la lista dentro de todo a lo largo del tiempo se siguió respetando. Por ende, durante un determinado período, cada 2 años a cada jugador  fue sometido a algo distinto.

Por ende, luego de este repaso de “línea de tiempo” de manera rápida, realmente es para pensar si la culpa principalmente es de los que ejercen el fútbol. Pese a que son jugadores de alto calibre y juegan en las mejores ligas de Europa, son humanos. Y dentro de esa humanidad viene la confusión y la fatiga cerebral por convivir siempre con algo diferente y adaptarse rápido a todos los cambios. Dentro de la cabeza de un jugador, debe ser difícil pasar al ataque durante dos años y a los otros dos permanecer en la mitad de la cancha. No debe ser fácil tampoco en lo colectivo un día levantarse y marcar la tendencia de los ataques desde la horizontalidad y al otro día basarse en el vértigo ofensivo y en las transiciones rápidas. Por supuesto que dentro de todo estos muchachos lograron (con sus mil defectos forzados) en poco tiempo de capacitación y preparación recibir el mensaje de lo que cada técnico diferente pidió.

Pero ahora yendo a la puesta en escena, se ve a simple vista que la selección juega muy mal. Y no solo por los resultados finales (a fin de cuentas, es anecdótico) sino porque en todas las zonas el equipo del Patón perdió más de lo que ganó. Y curiosamente, donde la selección hacía más méritos (aspecto defensivo e individualidades) ahora es donde hace menos méritos. Ese fuego sagrado que tanto lo caracterizaba con cualquier DT por las capacidades de cada jugador, hoy se va apagando y por consiguiente genera el mal estar actual.

Como solía decir Timoteo Griguol (técnico referente en el fútbol argentino) “los equipos se arman de atrás para adelante” por eso a partir de esta frase se irá desmenuzando el análisis colectivo. Partiendo de la defensa, el equipo argentino es donde quizás en el último tiempo estuvo más sólido. Pese a cualquier intérprete, el sistema defensivo solía funcionar y en este tiempo, con el descubrimiento de Otamendi-Funes Mori aún más. Pero en estos últimos partidos se notó todo lo contrario. Ya que a la selección le llegan poco pero le convierten. Y la mayoría son producto de malas transiciones ataque-defensa, donde generalmente los expositores argentinos regalan el tiempo de más que otorgan los retrocesos para jugar mano a mano y generar un desencadenamiento colectivo.

En la zona 2, curiosamente la más problemática, es donde se producen todos los desajustes y los estallidos grupales.

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El dicho generalmente coincidente con la sociedad se hace decir “una imagen vale más que mil palabras”. Al parecer, en este caso coincide a la perfección la realidad del medio campo con la foto plasmada. Es complicado decir que un mediocampo no funciona cuando directamente no hay jugadores en ese sector como para cuestionar ese engranaje. Es claro que estos jugadores están, pero mal ubicados. Los únicos 2 volantes cerebrales que dispuso en este caso Bauza contra Paraguay fueron Mascherano y Banega. Donde el jugador del Bacerlona, por características y ubicación, suele jugar más cercano a los centrales que a los jugadores de contundencia. Y por otro lado, el interino del Inter, quién es un jugador de claridad, es el llanero solitario de la tenencia de la pelota. El gestor desesperado que contra viento y marea tiene que enlazar a los anarquistas de arriba. Y cuidado, anarquistas en el buen sentido de la palabra, ya que son jugadores que destrozan sistemas pero que evidentemente hoy no lo pueden lograr.

Por otra parte, en la vocación ofensiva (excluyendo a Messi) hay una sensación de que los recursos están gastados y que incluso el propio azar (factor importante del juego) sigue pasando factura en determinados jugadores. Y esto abarca a la línea general. Principalmente en las últimas 3 finales. Pero saliendo de ese foco, los principales impulsores del desequilibrio ya pierden sus naipes y los equipos saben de qué lado de la manga saldrá el “As”. Por ende, si ya en si lo colectivo no funciona de hace años, peor será si se apagan las cualidades propias y únicas de cada jugador.

Allí erradica la principal falencia de la selección argentina, que es la elaboración. No es factible hablar y poner jugadores de definición si antes no pensamos en cómo les puede llegar la pelota a los “killers”. Por eso hoy este equipo es un barco en el medio del océano. Y para salir del mismo, deberá decidir a partir de qué punto cardinal de la brújula salir…

El fútbol y el talento no aparecen. Preocupación latente.

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El fútbol y el talento no aparecen. Preocupación latente.

POR AMOR A VOS

Por aquella primera tarde de octubre en el 49’ nacía una ilusión. Dentro de la inmensidad insensata del sueño y la fantasía futbolera, el pueblo verdolaga esperaba en silencio aquel espartano que a base de escudo y espada combatiera en su honor a los poderosos de la burguesía deportiva. Ese deseo de ser representados por una suerte de “David” que solo en los cuentos y en las alucinaciones pueden vencer a los “Goliat” de la vida.

Es un día especial el que hoy se manifiesta por las largas cuadras de Avellaneda, donde el sentimiento es inexplicable e incondicional, pero demostrativo a base de una pasión por algo que es abstracto pero a la vez es una historia de carne y hueso. Una historia de vida, de lucha, de inconsistencias, de mediocridad impuesta hacia los que sienten y sufren. Una historia que fue enriquecida y que por momentos fue saqueada por los “judas” que existen, existieron y existirán en los pagos de nuestras tristezas.

Es la fecha en la cual el hincha de Ferro se expresa y en un recitado de tango propio, inconsciente y personal, expresa sus destellos de locura con grandes tintes de enamoramiento hacia una gran institución. Donde dentro de esa manifestación hay gran cantidad de diversas experiencias vividas junto al Verde. Los abuelos hablarán de aquel club de elite que supo conquistar a la generación entrante, que te comentarán también sobre la indiferencia con los diarios y la indignación por la estigmatización al “fútbol aburrido”. Por supuesto están los llegando a cuarentones, que te dirán que vieron a Cacho jugar con la venda en la cabeza y que también lo vieron campeón de la mano del exquisito Beto Márcico.

Mientras tanto, otros dirán que no se enamoraron del 82’ y del 84’, sino que se enamoraron del barro y se apegaron a comprender la amargura y sentirla como propia. Aquellos que nacieron en las malas y todavía no conocen las buenas. Esos que hablan de 2 descensos y  siguen estando apegados al tablón o al nuevo cemento. Los que en silencio buscaron revertir la situación a base de sacrificio, amor y búsqueda de la recuperación de la identidad. Donde con aportes, bonos y compromiso fueron haciendo labor para que de a poco el club recupere esencia y vuelva a ser esa prestigiosa institución al cual la clase media tanto eligió.

Si bien cada cual vivió su corta o abultada vida con el club y compartió diferentes facetas, el sentimiento y la interpretación de la historia lleva siempre a reencontrarnos en el mismo camino. La historia de un club que fue modelo mundial y campeón de todas las disciplinas deportivas. Historia de un club que es respetado e incluso admirado por determinadas personalidades que cuando nombras “Ferro” lo asocian con “grandeza” o “prestigiosa institución”. Esos que te cuentan que iban a ver al club por  placer y por admiración a ese equipo que se medía a la talla del Boca de Maradona o el River del Beto Alonso.

La historia tiene un devenir y dentro de la misma hay épocas de gloria y épocas de miseria. Pero épocas que no cambian la brújula del sentimiento, del apego y del amor. No alteran la matriz de la corazonada verdolaga. No alteran su función de incondicional. Esa de no abandonar y alentar siempre. Esa función que se hace fuerte cuando se recuerda que pese a 2 los descensos los simpatizantes siempre están presentes. Aunque la gente no lo entienda, pero el identificado sí. Porque como decía su máximo referente en aquel entonces: “La sangre es verde”.

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“Te miro fijo y me sonreís…”